¿Cuáles son las palabras que usamos para nombrar a quienes huyen para salvar sus vidas y las de sus familias?
Día Internacional de las Personas Refugiadas: No basta con un día
Migrantes. Prófugos. Clandestinos. Extranjeros. Refugiados…?
¿Cuáles son las palabras que usamos para nombrar a quienes huyen para salvar sus vidas y las de sus familias? ¿Qué imágenes evocamos con cada término? ¿Quién decide qué palabra usar y con qué propósito?
Cada año, el 20 de junio, el mundo “conmemora” el Día Internacional de las Personas Refugiadas. Se organizan eventos, se publican comunicados, se difunden estadísticas alarmantes. Y sin embargo, al día siguiente, el tema desaparece del radar social, político y mediático, como si la tragedia del exilio forzado pudiera limitarse a una fecha en el calendario.
Pero el desplazamiento forzado no tiene descanso. Las fronteras siguen matando. Los muros crecen. Las personas siguen siendo empujadas al mar, al desierto, al limbo legal. Ser refugiado no es una condición conmemorativa, es una herida abierta todos los días.
Nos preguntamos: “¿Cuales son las palabras que utilizamos para hablar de las personas que viven en nuestros paises pero no han nacido allí? “
¿Qué decimos de quienes migran, temporal o indefinidamente, desde su país de origen hacia otro? ¿Cómo hablamos de quienes escapan de la guerra, la persecución, la violencia política o de género?
Las palabras importan. Importan porque modelan la mirada social, guían las políticas públicas, y definen quién merece protección y quién no. Decir “ilegal” en lugar de “persona migrante sin papeles” deshumaniza. Decir “clandestino” en lugar de “solicitante de asilo” criminaliza. Decir “extranjero” sin contexto ignora las causas del desplazamiento.
Cuando decimos “refugiado”, estamos hablando de alguien que no dejó su hogar por voluntad, sino por supervivencia. Cuando hablamos de exilio, hablamos de una fractura en la vida, una ruptura con el territorio, con la lengua, con la familia, con el país.
No basta con una efeméride. El derecho al asilo y a la protección internacional debería ocuparnos todos los días.
No solo por solidaridad, sino por justicia. Porque detrás de cada cifra, hay historias. Detrás de cada frontera, hay una vida suspendida esperando ser reconocida.
Hoy, más que conmemorar, exijamos:
- Que los derechos de las personas refugiadas sean respetados y garantizados.
- Que los discursos públicos se limpien de odio, xenofobia y estigmatización.
- Que cambiemos las palabras para cambiar las miradas.
Porque si hay algo que el exilio nos enseña, es que el mundo puede volverse inhabitable para millones.
Y que el silencio, la indiferencia y el lenguaje equivocado pueden ser tan letales como las balas.
No necesitamos un solo día para hablar de los refugiados.
Necesitamos voluntad todos los días para construir un mundo donde nadie tenga que huir.
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