24 de mayo: Mujeres, Paz y Desarme. El poder transformador de una agenda feminista antimilitarista

Por qué conmemoramos, por qué insistimos, por qué desarmamos

El 24 de mayo se conmemora el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, una fecha impulsada por movimientos feministas y pacifistas europeos desde 1981, en el contexto de las luchas contra la instalación de misiles nucleares durante la Guerra Fría. Este día no solo remite a un hito histórico de movilización colectiva —como lo fue el emblemático campamento de mujeres en Greenham Common, Reino Unido—, sino que representa una agenda política y ética que continúa vigente frente a las múltiples formas de violencia que atraviesan nuestras sociedades.

En el contexto actual, marcado por conflictos armados persistentes, crisis humanitarias, aumento del gasto militar y militarización de la vida cotidiana, esta conmemoración exige una lectura renovada desde los feminismos: no como una demanda sectorial, sino como un horizonte político que desafía los fundamentos del orden violento y patriarcal.


Feminismos antimilitaristas: del testimonio a la transformación

A diferencia de los enfoques tradicionales de seguridad, que privilegian la estabilidad del Estado sobre la vida de las personas, los feminismos por la paz han puesto en el centro la experiencia de los cuerpos vulnerabilizados, la defensa del territorio y el cuidado como principio político. La lucha por el desarme —en sentido literal y simbólico— es parte de una agenda más amplia que denuncia la lógica extractivista, colonial y patriarcal que sostiene los conflictos armados y sus economías asociadas.

Las mujeres, particularmente en contextos de guerra o posconflicto, no solo han sido víctimas de violencia sexual, desplazamiento forzado o represión política, sino que también han liderado procesos de resistencia civil, mediación comunitaria, reconstrucción del tejido social y producción de memoria histórica.

La visibilización de estos aportes ha sido reconocida normativamente a nivel internacional, especialmente a través de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU (2000) y su agenda derivada sobre Mujeres, Paz y Seguridad. No obstante, la implementación efectiva de esta resolución sigue enfrentando profundas brechas en términos de participación, protección y reparación, especialmente en países con procesos de paz frágiles o militarización estructural.


Desarme: más allá de lo técnico, una apuesta ética

El desarme, en el marco de una visión feminista e interseccional, no puede reducirse a los instrumentos jurídicos o técnicos del control de armas. Implica una desmilitarización de las relaciones sociales, de los imaginarios de poder y de los mecanismos de resolución del conflicto. Significa cuestionar las prioridades del gasto público, confrontar los discursos de seguridad punitiva y desplazar el paradigma de la guerra como motor político.

En este sentido, desarmar es también un ejercicio de pedagogía social: resignificar los vínculos, generar alternativas comunitarias al castigo, reconstruir memorias colectivas e insistir en formas de justicia transformadora. Y en este campo, las mujeres han sido —y son— agentes centrales, incluso cuando sus voces han sido sistemáticamente invisibilizadas o instrumentalizadas.


Las voces que sostienen la paz

Desde las mujeres exiliadas que documentan violaciones a los derechos humanos en la diáspora, hasta las lideresas indígenas que defienden sus territorios ante megaproyectos militares y extractivos, pasando por las organizaciones de base que acompañan a víctimas de violencia sexual en conflictos armados: todas ellas sostienen una agenda de paz con justicia que desborda los marcos estatales.

No es casual que, en muchos contextos, sean justamente estas mujeres las más amenazadas, judicializadas o asesinadas. Frente a la impunidad y el silenciamiento, sus luchas —individuales y colectivas— siguen siendo una brújula ética que interpela tanto a los gobiernos como a la sociedad civil.


Una paz feminista, justa y desmilitarizada

El Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme no es una efeméride más. Es una oportunidad para reafirmar la urgencia de construir procesos de paz estructurales, con enfoque de género, con voluntad política, y con una mirada que desarme tanto las armas como las narrativas que las justifican.

En un mundo profundamente atravesado por la violencia sistémica, los feminismos por la paz proponen una alternativa radical: una paz centrada en la vida, el cuidado y la justicia. Una paz que no se impone desde arriba, sino que se siembra desde abajo, colectivamente, y con manos vacías de armas, pero llenas de futuro.


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